La llamada llegó mientras Blanca estaba en el gimnasio.
Vio el número en la pantalla, un código que no reconocía de inmediato pero que algo en su instinto profesional le dijo que era importante, lo suficiente como para no contestar mientras corría en la cinta, esperando hasta terminar la sesión para devolver la llamada con la atención completa que merecía.
Salió del gimnasio.
Llamó, todavía con la ropa de deporte puesta, caminando por la calle hacia su piso en Bruselas.
La conversación fue brev