La tormenta mediática llevaba cuatro días y Laura necesitaba respirar.
No era rendición. Era cálculo. Bruno le había dicho que lo mejor que podía hacer durante los próximos días era aparecer normal, funcional, moviéndose dentro de su vida sin el aspecto de alguien que está perdiendo. Una mujer normal que trabaja y come y tiene reuniones de negocios era menos interesante para las cámaras que una mujer que parece estar huyendo de algo.
Cuando Rodrigo llamó para proponer una cena de trabajo sobre