El hemiciclo del Parlamento Europeo estaba lleno cuando empezó la votación.
Laura lo veía desde casa, en el televisor del salón, sintada en el sofá con las manos apretadas sobre el regazo, los ojos fijos en la pantalla mientras Blanca, de pie en el atril, defendía por última vez los puntos centrales de la ley antes de que empezara el recuento de votos.
Álvaro no estaba en casa.
Una pequeña operación dental rutinaria lo había mantenido fuera todo el día, y aunque había prometido llegar a tiempo