Valentina cumplió un año en primavera.
Laura viajó a Lisboa para la visita que se había convertido ya en rutina cada pocos meses, esta vez sin ocasión especial, solo el deseo de ver a la niña crecer en persona, no solo a través de las fotografías que Santi y Nora mandaban al grupo familiar.
El parque cerca de su piso era pequeño pero bien cuidado, con árboles altos que daban sombra suficiente incluso en las horas más cálidas del día, y una fuente de piedra que llevaba ahí, según Santi, más de c