La foto tenía cuarenta y ocho años.
Laura la tenía en la mano desde hacía una hora.
Había llegado al piso de Chamberí desde Lavapiés con la caja bajo el brazo, el abrigo todavía puesto y la fotografía apretada con un cuidado que no correspondía al tamaño del papel sino al peso de lo que acababa de descubrir. Entró sin anunciarse demasiado, cruzó el recibidor y fue directamente al despacho. Álvaro estaba en la cocina cuando la oyó llegar. Levantó la vista, vio el abrigo sin desabrochar, la caja,