La pantalla del portátil se encendió con un destello blanco que le golpeó los ojos. Laura ajustó el ángulo de la cámara. En la pantalla, el rostro de Blanca apareció pixelado, con el fondo desenfocado de su oficina en Bruselas. Blanca tenía ojeras profundas y el pelo recogido en un moño apresurado. La luz azulada del portátil le marcaba los pómulos.
—He revisado los informes del equipo externo —dijo Blanca, sin preámbulos. Su voz sonaba metálica a través de los altavoces. El audio llegaba con u