El sonido del papel al deslizarse sobre la mesa de cristal fue tan suave que casi no se oyó.
Pero en el silencio del despacho de Laura, sonó como un disparo.
Pati estaba de pie, al otro lado de la mesa, con las manos entrelazadas a la espalda, en una postura militar, rígida.
Llevaba el mismo traje azul marino que se había puesto para la reunión con los auditores hacía tres horas, pero ahora tenía el cuello de la blusa ligeramente desabrochado y el pelo, siempre perfecto, mostraba un mechón rebe