La sala del juzgado estaba llena.
No era una sala grande pero lo parecía porque había demasiada gente para el espacio disponible. Prensa en las primeras filas, con libretas y teléfonos y esa energía contenida de quien espera que pase algo importante. Detrás, público general, que en este caso era un término que incluía personas que habían seguido el caso en los medios y que habían llegado esa mañana sin que nadie los llamara.
La jueza Montero entró sin ceremonia.
Pelo recogido. Gafas. El expedie