El teléfono sonó a las seis de la mañana.
No era Álvaro. No era ninguno de los hijos.
Era el médico de Don Raúl.
Laura lo supo antes de contestar, en el segundo entre el primer tono y el momento en que su mano encontró el teléfono sobre la mesilla: esa certeza que no viene del razonamiento sino de algo más antiguo, la manera en que el cuerpo reconoce algunas noticias antes de que lleguen en palabras.
Contestó.
El médico habló con la precisión cuidadosa de quien ha dado este tipo de noticia much