El espejo del baño, a las seis de la mañana, mostraba lo que siempre mostraba, pero hoy Laura se permitió mirarlo con más atención de la habitual.
Las canas, ya extendidas por completo, sin ningún mechón oscuro que las disimulara. Las arrugas alrededor de los ojos, marcadas por décadas de sonrisas y de preocupaciones, de noches sin dormir y de mañanas como esta, contemplativas, tranquilas.
Los ojos, sin embargo, seguían siendo los mismos.
El mismo color, la misma forma, la misma intensidad que