La mesa de caoba de la oficina de esquina de Lawrence Ellison relucía bajo la suave iluminación empotrada.
A sus cincuenta y dos años, era un titán de la industria, un hombre cuyo solo nombre infundía respeto y cuya mirada gris y afilada podía silenciar una junta con solo un parpadeo. Su traje hecho a medida le sentaba como una segunda piel de autoridad. Sin embargo, mientras contemplaba las proyecciones financieras que parpadeaban en su monitor, un vacío profundo le carcomía las entrañas. Su v