— Alphas sean bienvenidos a mi humilde morada. — dijo Gastón Leroy como si realmente no hubiera sabido de antemano de que los Alphas estaban allí.
Pero los Alphas no detuvieron su caminar, ni siquiera desperdiciaron una mirada en ese hombre que se levantó con apuro de su lugar, en cambio dirigieron toda su atención hacia el Ana su luna.
— Alana. — Osiel dijo su nombre como quien nombra a un Dios, y su mano se movió hasta tomarla de su luna, la cual llevo a sus labios y dejo un suave beso en el