La mansión Leroy se cernía sobre Alana como un espectro, reviviendo recuerdos y emociones que creía haber enterrado, y si sus Alphas, habían sufrido durante toda la semana, no se comparaba a lo que padecía Alana, pues ella era la que sentía el peso de la tortura psicológica más crudamente, sus pensamientos intrusivos la asaltaban sin previo aviso, como las luces de Navidad que se encienden y se apagan de manera intermitente, los nombres de sus alfas resonaban en su mente como un mantra doloroso