Osiel entró a su oficina con paso firme, cerrando la puerta tras de sí con un golpe seco, provocando que Andrea, su secretaria, temblara al igual que los cristales de la ventana, la mujer ya había sido atendida en enfermería y ahora estaba ahí, sentada con las manos aferrando un pañuelo desechable, y un nerviosismo latente en su porte, no solo por lo enfadado que se veía Osiel, también era el hecho de sentir la presencia de Otto tras ella. Apenas alzó la mirada antes de que su jefe emitiera las