Alana y Edur caminaron juntos por las bulliciosas calles de la ciudad, sus manos entrelazadas en un gesto que se sentía tanto natural como profundamente íntimo, el murmullo de la gente, el ruido de los autos y el aroma a pan recién horneado creaban un escenario urbano vibrante, pero para Edur, todo se desvanecía cada vez que miraba a Alana, observar su sonrisa ligera, su aparente comodidad con su cercanía, le llenaba de una calidez que nunca antes había conocido, más porque ella no se quejaba d