La maldición de Osiel hizo voltear a Edur, que estaba pensando en cómo le explicaría a su hermano que había arruinado uno de sus sofás, aunque no solo era su semilla esparcida en él, también era el hecho de que había mordido uno de los almohadones por solo escuchar a Alana gemir e imaginarla sobre él.
— ¿Qué paso? No me digas que lo arruinaste. — dijo con espanto Edur y no era para menos al ver el rostro furioso de Osiel.
— Complací a nuestra luna como es debido y sin causarle ninguna molestia.