La maldición de Osiel hizo voltear a Edur, que estaba pensando en cómo le explicaría a su hermano que había arruinado uno de sus sofás, aunque no solo era su semilla esparcida en él, también era el hecho de que había mordido uno de los almohadones por solo escuchar a Alana gemir e imaginarla sobre él.
— ¿Qué paso? No me digas que lo arruinaste. — dijo con espanto Edur y no era para menos al ver el rostro furioso de Osiel.
— Complací a nuestra luna como es debido y sin causarle ninguna molestia. — aseguro, como si hubiese cumplido con una misión, como si él no hubiese disfrutado, aunque claro que lo disfruto, pero no se pavonearía frente a su hermano, claro que por lo que estaba viendo, ya sabía que Edur los había escuchado.
— ¿Entonces que rayos te pasa?, tienes esa cara de que quieres asesinar a alguien. — un gruñido de pura molestia salió de los labios de Osiel antes de responder.
— Alana… no quiere cachorros. — terminó diciendo y ahora si se permitió quitar su frustración y solo ma