La brisa del mar olía a sal, a llanto y a esperanza. El sol estaba alto, pero Seven no lo sentía. Solo el cuerpo inerte de Mariposa entre sus brazos, el cabello mojado pegado a su rostro, la piel fría como el agua. La había sacado del fondo, la había traído de vuelta a la orilla con los músculos ardiendo, jadeando, mientras la vida se le escapaba con cada segundo. —Por favor —murmuró contra su mejilla—. Por favor, no me hagas esto. No ahora. Sus manos temblorosas presionaban su pecho con desesp