Tom estaba conduciendo su auto hacia Big Sky, perdido en sus pensamientos. “¿Qué carajos voy a decirle a Izzie? ¿Podrá perdonarme acaso? ¿Y si Michel no tiene razón y ella no me perdona? ¿Y si me mira con asco o rechazo? No sé si podré soportarlo”, pensaba mientras manejaba con el codo apoyado en la ventana del auto. Con un suspiro, finalmente Tom se estacionó frente a la pintoresca casa y él la observó con nuevos ojos. El día que llegó por primera vez, todo estaba oscuro en todo sentido, más a