Esa noche, o día, el no sabía ya que no tenía ni una puta ventana para poder saberlo, ella lo había drogado como los días anteriores. Pero había algo diferente esa vez, él pudo darse cuenta rápidamente. Ella estuvo un rato largo mamandosela, y cada vez que iba a venirse -como si supiera- se detenía. Era como tortura sexual. —Por favor Adriana, basta— le suplicó en un momento —No lo soporto más...no sé que quieres...pero por favor detente...— le dijo gimiendo adolorido. Ella lo miró y sonrió de forma macabra, tenía su pene en la mano y había estado lamiendo sus bolas hasta hacia un momento. —Hoy es el día...— solo respondió ella. Con lo poco de cordura que le quedaba, intentó convencerla de vuelta. —Puedes ser mi hija Adriana, por favor no lo hagas...por favor... —Cuando me dices que puedo ser tu hija, me pongo más caliente — le respondió ella con voz ronca y se incorporó. Fue hasta una mesa que había cerca, tomó un pomo de lubricante, lo abrió y se colocó un poco en la vagina y y tamb
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