Capítulo 30
—¿Adriana??? — preguntó Solana, sacudiendo suavemente a la mujer que se había quedado dormida en la silla mientras ella dormía a la bebé.

— Oh, perdón…— dijo la morena, despertando.

Solana no pudo evitar mirar por encima de su escote. Los senos de Adriana estaban llenos de leche y eran atractivos. Ya los había visto antes cuando Catalina amamantaba. Mordió su labio incontrolablemente. El paisaje era definitivamente hermoso, pensó… y sabía que disfrutaría de su “estancia” allí, independientemente
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