—¿Adriana??? — preguntó Solana, sacudiendo suavemente a la mujer que se había quedado dormida en la silla mientras ella dormía a la bebé. — Oh, perdón…— dijo la morena, despertando. Solana no pudo evitar mirar por encima de su escote. Los senos de Adriana estaban llenos de leche y eran atractivos. Ya los había visto antes cuando Catalina amamantaba. Mordió su labio incontrolablemente. El paisaje era definitivamente hermoso, pensó… y sabía que disfrutaría de su “estancia” allí, independientemente del resultado. La joven se agachó, poniéndose a la altura de los ojos de Adriana, oscuros y profundos. — No tienes que disculparte. Con dos hijos, un esposo y un trabajo… es lógico que te quedes dormida. Y Dante parece el tipo de chico que no te deja dormir mucho, ¿verdad? — dijo, guiñando cómplice uno de sus ojos. Últimamente, el esposo de Adriana realmente había estado dejándola dormir, excepto la noche anterior, pero no pensaba contarle eso a la chica, así que simplemente sonrió. — Bueno, c