Adriana abrió los ojos lentamente, con el sueño aún empañando su visión. Parpadeó un par de veces para aclarar la imagen y se encontró con el rostro de Solana, su apariencia radiante y su sonrisa dulce. Aún se sentía aturdida por la confusión de sus pensamientos y emociones. Recordó que luego de terminar había ido como una zombie a su habitación, demasiado confundida por lo que acababa de pasar con su niñera, no pudo siquiera hacer los pendientes de su trabajo para la empresa de seguridad en la que también trabajaba con Dante y de la que se ocupaba remotamente haciendo su actividad la mayoría de los días con la modalidad de Home Office. Muy agotada como para trabajar y lo suficientemente confundida para poder concentrarse, se había recostado pensando en la joven niñera. Por un lado se sentía agotada física y mentalmente, y por el otro estaba demasiado confundida por lo que acababa de pasar, Solana la seducía y realmente la complacía de un modo en que hacía mucho no se sentía complacid