Cuentista
Érase una vez, dos amantes...
—Mi padre entenderá, él es de mente abierta —dijo el joven de cabellera negra y ojos celestes.
—En mi villa no lo harán. Estamos rompiendo las reglas porque nuestro amor es prohibido —se lamentaba la chica de ojos plateados, con tristeza en la mirada y la desesperanza carcomiendo su pecho.
—Te voy a reclamar como esposa, amor mío. Eres mi mate. Lucharé por ti.
—Tú eres mi Turug, te amo.
—Yo también te amo.
Sus labios se unieron con anhelo. La esperanza de