Sin solución.
Isaías se estaba controlando para no arrancarle el hígado a Jay porque la simple idea de que ella le hubiera hecho daño a Zoe lo hacía ansiar despedazar cada parte de su cuerpo; sin embargo, debía tratar el ataque como algo que no fuera anclado a Zoe para no levantar sospechas.
Jay dio dos pasos hacia atrás, y tragó grueso al reconocer en la mirada de Isaías ese instinto asesino que ha visto en muchos alfas.
—Te-tengo un alfa— volvió a tartamudear. — Y no quiero romper mi vínculo con él— expus