Sirvienta sin valor.
—¡Lobos miserables! —rezongó Harold, tendido aún en el suelo, agarrándose el costado derecho. Isaías le ha roto una costilla al lanzarlo tan lejos y su cuerpo tarda mucho en curar por sí solo, muy diferente a la regeneración de un lobo, por lo que debía esperar unas horas.
Impotente solo pudo observar cómo Isaías se llevó a Zoe bajo sus narices. No podía enfrentarlos, y menos podía ponerse de pie.
—¿Ahora que se supone que debo hacer? — se rió con amargura y esas carcajadas pasaron a ser lágr