Las dos amigas fueron al laboratorio y luego salieron a desayunar. Increíblemente, Lizzy comió muy bien.
—¡Bravo! Creo que mi sobri se levantó con mucha hambre —rio Lucía.
Elizabeth la miró, incómoda. Aún le costaba asumir su maternidad.
—Todavía no sé qué hacer… ¡Tengo tanto miedo! Nunca imaginé que algo así pudiera dar tanto miedo.
Lucía cerró los ojos. Entendía que no sería un proceso fácil.
—¿Sigues pensando en esa locura de deshacerte de él? —preguntó seria—. Dime, Liz… ¿lo estás cons