El día había sido ajetreado y apenas si había comido. Aun así, su instinto asesino para los negocios seguía allí, latente.
No quiso ocupar su mente en ella. Si lo hacía, caía en un pozo en el que no quería estar. No estaba en su naturaleza ser vencido, y menos por una mujer.
Sabía que podía estar con quien quisiera; incluso, si llamaba a Sofía, la tendría al instante. Y si no, tomaría un avión para estar con él.
Pero no quería a nadie más que a su pequeña y adorada Lizzy.
Fue a cenar a un restau