Elizabeth decidió hacer cambios siguiendo las sugerencias de su psicoanalista. Para no sumirse en la angustia propia del postparto, comenzó a realizar actividades que aliviaran su mente y su cuerpo. Así fue como retomó sus clases de piano y empezó a practicar yoga para distenderse.
Mientras ella se dedicaba a sus rutinas, Adrián y Mercedes se turnaban para cuidar del pequeño Lucas. El orgulloso abuelo no pasaba un solo día sin ir a verlo. Como no había podido disfrutar de la infancia de su hija,