Ese día, Elizabeth siguió su rutina de los jueves con la misma disciplina de siempre, sin descuidar en ningún momento a Lucas. Se había convertido en una madre dedicada, y al fin había logrado encauzar su relación con Federico.
Esa mañana, ambos habían disfrutado de hacer el amor antes de que su hijo se despertara, incluso tuvieron el raro privilegio de ducharse juntos, algo que pocas veces podían hacer. Lucas ya estaba más grande: habían pasado casi siete meses desde su nacimiento, y el bebé se