Tanto Elizabeth como Federico creían que aquellos días eran los peores de su vida. Si bien el bebé respondía bien a los estímulos, todo el proceso era lento, agotador, incierto. Ella ya había recibido el alta, pero Lucas seguía internado.
Era prácticamente imposible sacarla del hospital. Apenas comía, dormía muy poco y su ánimo se consumía con el pasar de las horas.
Federico no sabía qué más hacer para animarla, para ayudarla. Fue entonces cuando Martín le recomendó una terapeuta.
—Maricel podrá