Entraron juntos. En la recepción, Adrián preguntó por Alfonso. La recepcionista lo reconoció de inmediato, le sonrió con amabilidad y, antes de darle la información, le pidió una foto. Él accedió, agradecido por la atención.
Al llegar a la puerta de la habitación, Adrián respiró profundo. Contó hasta diez. Mark le palmeó la espalda, dándole el valor que necesitaba. Golpeó. La voz de una mujer, suave, respondió desde adentro.
—¿Sí?
Victoria abrió la puerta. Lo miró con sorpresa al reconocerlo.
—¡