Elizabeth permanecía sola en la casa de sus tíos. Victoria estaba en el hospital, Esteban y Laura trabajaban, y Federico, como cada tarde, había prometido llegar y quedarse a dormir, tal como lo hacía algunos días.
A él le parecía una exageración, estaba cansado de aquella situación, pero no se atrevía a contradecir a su esposa. Sabía muy bien cuán grave era el estado de Alfonso.
A esas alturas, nadie quería ser el portador de malas noticias. Como decía Lizzy, cada vez que preguntaba algo, tod