Fuera de la residencia de los Valverde, un auto frenó tan de golpe que el chirrido de los neumáticos se escuchó con fuerza.
Elizabeth, que estaba semidormida, se sobresaltó pensando que podría ser Federico, viniendo por ella. Su cuerpo comenzó a temblar.
Aunque estaba completamente firme en su decisión, sabía que su esposo no se daría por vencido. Conociendo su carácter, era imposible predecir cómo reaccionaría.
Temía un enfrentamiento con Alfonso, y le angustiaba que últimamente lo notaba cad