Si Elizabeth estaba mal, Federico estaba peor.
Pero, en lugar de hundirse, pensaba en estrategias y posibles tácticas para implementar un control de daños. Resoplaba y mascullaba todo tipo de improperios por la situación que atravesaba.
Bajo ningún punto de vista contemplaba el divorcio, y mucho menos que Elizabeth se alejara de su lado.
Si antes había logrado doblegar el carácter de su esposa, esta vez contaba con una carta aún más poderosa: su hijo.
Ese niño sería el nexo indestructible que