Laura sonrió con despreocupación.
—Qué aburrimiento, me voy.
En el momento en que se dio la vuelta, la mirada de Sebastián y las luces del salón parecieron atenuarse.
La furia residual de la humillación aún estaba allí.
Su cuerpo se puso rígido.
La fiesta donde Vivian quería lucirse terminó en vergüenza.
Y peor aún, temía perder incluso la fachada de intimidad con Sebastián.
—Sebastián, lo que dije es verdad. Laura se está vengando de mí.
—¿Recuerdas en el hospital? Ella también me empuj