Laura retiró bruscamente el cuello hacia atrás.
Al mismo tiempo, Carlos abrió la puerta de la habitación con varias cosas en las manos.
Detrás de sus gafas, sus ojos brillaron, percibiendo la atmósfera sutilmente cargada.
La mano de Sebastián pasó rozando su sien.
Su cabello se deslizó entre sus dedos, sin dejar nada.
Una sensación de impotencia se propagó en su interior.
Cuando Carlos se acercó, lo primero que hizo fue mirar a Laura, examinando su herida.
—Por suerte no es grave, debes m