Vivian se asustó, bajando la cabeza con inquietud, su voz muy baja. —Sebastián, ¿por qué viniste? La advertencia de la tarde aún resonaba en sus oídos, y ella había ido a buscar a Laura, seguro se enojaría. En un instante, la expresión severa de Laura se había desvanecido, recuperando su habitual dulzura. —Sr. Fuentes, ¿usted también vino? Es solo una pequeña herida del niño, no hacía falta que ambos vinieran a visitar. Al ver su cambio de expresión, Sebastián habló con sarcasmo: —Realmente tienes arrestos, incluso te atreves a amenazar a mi gente. Al ver que Sebastián la apoyaba, Vivian se relajó, alzando la voz. —Solo quería explicar lo de mi prima y ver al niño herido, pero la Sra. Benítez se enojaría tanto, sin dejar hablarme. Laura no pudo evitar observar a Vivian un momento más. Realmente parecía su sierva, pavoneándose con su poder, siempre observando los gestos de su amo para actuar. Sonrió: —Señorita, no se altere. —Usted es el primer amor del Sr. Fuentes, no impo
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