Él quiso acariciar de nuevo su cabecita, pero bajo la mirada de Laura y Carlos, se contuvo.
—Hola, Andrés, soy Sebastián.
Al oír una presentación tan igualitaria, Andrés sonrió, sintiendo que había hecho un amigo.
—¿Quieres tomar algo?
El niño, entusiasta y hospitalario, revolvió en la bolsa de compras junto a la puerta.
Varias latas de cola cayeron al suelo.
Sebastián miró fijamente la figura de Andrés agachada, diciendo con suavidad:
—Compraste mucha cola.
Andrés, recogiendo las latas