Narrador omnisciente
La cafetería olía a café recién molido y pan tibio, pero Lisa no sentía paz en ese olor, como siempre. Ese lugar había sido su refugio durante años, su pequeño reino construido a pulso… pero desde la aparición de Cristian, las paredes ya no le devolvían la misma calma.
Estaba acomodando unas tazas detrás del mostrador cuando oyó pasos acercándose. No necesitó mirar para saber quién era. La energía tranquila, el ritmo firme… Rafa.
—¿Podemos hablar? —preguntó él, apoyán