Narrador omnisciente
El estruendo sacudió el suelo como si la tierra se partiera en dos. Lisa apenas alcanzó a girar la cabeza hacia la ventana antes de que todo se llenara de humo, cristales rotos y gritos. El sonido fue seco, desgarrador, y le perforó los oídos. El aire se volvió irrespirable. Sintió que el corazón se le detenía y que el mundo se volvía una masa de ruido y polvo. Su madre seguía frente a ella, con la mirada fija, inmóvil, como si no comprendiera lo que acababa de pasar. Por