Narrador omnisciente
Cristian entró en la habitación con paso firme, pero el gesto cansado lo delataba. Había pasado la tarde discutiendo con el consejo, conteniendo su rabia, intentando procesar la amenaza que pendía sobre ambos.
Lisa estaba sentada junto a la ventana, con las piernas recogidas contra el pecho. Miraba hacia afuera, pero su mente estaba lejos. El reflejo del atardecer le teñía el rostro de un tono dorado y triste.
Cuando lo escuchó entrar, levantó la cabeza.
—Tardaste —murmuró