Lisa
El aula estaba en silencio, y la luz de la tarde se filtraba por los ventanales, dibujando rectángulos alargados sobre los pupitres vacíos. Yo me senté en el fondo, con la espalda recta, intentando aparentar calma, aunque mi corazón latía demasiado rápido. La detención se sentía injusta, como un castigo impuesto por capricho, y no podía dejar de pensar en lo absurdo de la situación.
Cristian había encontrado la manera perfecta de aislarme, de obligarme a quedarme sola. Y ahora, mientras lo