La mañana llegó con una serenidad inusual. El sonido del viento colándose por las rendijas de la ventana me acariciaba la piel como si fuera una promesa suave de todo lo que estaba por venir. Me sentía distinta. No era solo el peso de la barriga que ya marcaba mi paso al caminar ni las pataditas de Gael que cada vez eran más frecuentes y fuertes. Era algo en mí. Algo más profundo. Algo que ya no dependía de Ethan, ni de sus decisiones, ni de sus ausencias.
Me había acostumbrado al sonido del si