Desperté con una paz que parecía ajena a mí. Durante meses, mi cuerpo y mi mente habían vivido en estado de alerta: esperando lo peor, deseando lo mejor, temblando por lo posible. Pero esta vez, el amanecer me envolvió sin ansiedad, sin sobresaltos. La conversación con Ethan la noche anterior me había dejado un sabor extraño, como si me hubiese soltado un peso sin darme cuenta.
Habíamos hablado sin gritar, sin acusaciones, sin máscaras. Él, como pocas veces, había sido transparente. Roto. Vulne