El sol apenas comenzaba a filtrarse entre las cortinas cuando Lautaro abrió los ojos. En la casa reinaba ese silencio cálido que solo aparece en los primeros minutos del día, cuando todos aún dormían. Se quedó mirando el techo, con el pecho cubierto por una mezcla de calma y algo que no podía definir. Había pasado tanto desde que volvió a Argentina, desde aquella noche en la cabaña, que a veces le costaba creer que seguía respirando.
Vivía con su tía Gabriela, con Jenifer y con Erica. Era curio