Una larga fila de coches estaba formada delante de la enorme casa de fraternidad, la cual tenía el jardín delantero completamente adornado por algunos farolillos chinos. Pasamos alrededor de cinco minutos dándole la vuelta a la manzana para encontrar un sitio en el que aparcar, y justo cuando creí que no podríamos, un grupo de chicos salió corriendo con uno de ellos cargado por los demás.
Se lo llevaban al hospital porque el muchacho había caído en un coma etílico.
No es que yo me alegre de las