— ¿Papá?— repetí, demasiado confundida.
Al tiempo, el hombre que se encontraba sentado en los escalones del porche de mi casa, se puso de pie, dejando ver su complexión fuerte y su altura.
— Hola, hijo— me miró—. Hija mía— dijo, asintiendo en mi dirección como saludo. Sentía que todo a mí alrededor comenzaba a dar vueltas sin detenerse.
Eso no podía estar pasando. Ese hombre no podía ser mi padre, y lo más importante: si lo era, ¿por qué tenía que conocerlo de esa manera. Nunca conocí a mi padr