Tomé el auto y fui sin rumbo, manejé por largo rato sin percatarme de tiempo ni lugar, hasta que me alertó la lucecita que me avisaba que estaba solo con la reserva del tanque.
—¡Puta madre! Solo eso me faltaba, que idiota que soy.
Estaba fuera de la ciudad y francamente no me ubicaba muy bien, por fortuna quedé cerca de un hotel modesto a orilla de la carretera y entré a preguntar por la estación mas cercana.
—Unos veinte kilómetros mas adelante hay una que está abierta las 24 horas —me dijo e