La tarde caía con un resplandor ámbar sobre el viñedo cuando Lorenzo propuso quedarse a cenar allí mismo, ya que habían estado trabajando por horas, cocino algo en una pequeña cocina antigua que estaba en el lugar,Había organizado algo sencillo pero encantador: una mesa de madera al aire libre, entre las hileras de vides, iluminada con faroles y velas. Rose, cansada pero sonriente, aceptó sin dudar.
—No recuerdo la última vez que cené en un lugar tan bonito —dijo ella, dejando escapar una risa