CAPÍTULO 82.
Capítulo 82
El silencio en los pasillos de la clínica era asfixiante. Tras seis horas de una operación cerebral extenuante, las luces del quirófano finalmente se apagaron.
Miguel yacía ahora en una cama de la Unidad de Cuidados Intensivos, rodeado de monitores que dibujaban picos verdes y rítmicos. Su cabeza estaba vendada, ocultando la herida que casi le cuesta la vida, y su rostro, despojado de la habitual arrogancia, se veía pálido.
Estaba vivo, pero el hilo que lo sostenía al mundo parecía