CAPÍTULO 99.
Capítulo 99
El silencio absoluto del penthouse ya no existía; había sido reemplazado por el sonido rítmico del respirador y el pitido constante de los monitores que vigilaban el corazón de Gerardo. Para Sofía, esas horas entre la medianoche y el amanecer eran las más largas.
Se sentaba en el sillón junto a la cama de su suegro, con una lámpara tenue como única compañía, observando cómo luchaba por salir de las profundidades de su propia mente.
Esa noche, los espasmos de Gerardo eran diferentes.